Espacio del voluntario

¿Cómo decidiste meterte en esto?

La experiencia de Anónimo

La mayoría de los momentos más enriquecedores de estos años han sido en Apoyo+. Ver crecer a los chavales, física, mental y espiritualmente; ver crecer su confianza en mí... son experiencias que no puedo dejar de recomendar.

"¿Cómo decidiste meterte en esto?" fue la pregunta que me lanzó hace un tiempo un amigo, sorprendido ante mi entusiasmo, cuando le estaba contando que al día siguiente había quedado con los chavales de Apoyo+. Por entonces, yo debía de llevar cuatro o cinco años como voluntario del área de infancia de Apoyo+, por lo que remontarme a los motivos iniciales de mi decisión resultaba complicado.

Reflexionando, llegué a la conclusión de que estas motivaciones en un principio estaban relacionadas con un par de sentimientos bastante poco constructivos: el egoísmo y la vanidad. Egoísmo porque intuía que colaborar con una organización que presta apoyo a niños y adolescentes afectados por el VIH me iba a reportar mucha mayor satisfacción personal que otras alternativas de ocio. Y vanidad, porque pensar que podía aportar algo como voluntario a la organización, que sería capaz de ayudar en algo, es, no me digan que no, el pensamiento de alguien vanidoso.

Con el tiempo estos motivos iniciales mudaron, por supuesto. La vanidad se disipó y desapareció muy pronto, porque, aparte de que yo no estaba excesivamente convencido de mi capacidad para ayudar a nadie, enseguida me demostraron que eran ellos, los niños y adolescentes de Apoyo+, quienes me estaban ayudando y desde luego enseñando a mí, y no yo a ellos.

Buenos y malos momentos

Ni que decir tiene que esta experiencia satisfizo y acrecentó el sentimiento egoísta mucho más de lo que habría sospechado, porque, a qué negarlo, la mayoría de los momentos más enriquecedores de estos años han sido en Apoyo+. Ver crecer a los chavales, física, mental y espiritualmente; ver crecer su confianza en mí; ver que, a pesar de muchas dificultades que les rodean, despliegan un optimismo, un dinamismo y una vitalidad que para mí quisiera; recibir muestras de madurez y de conocimiento de la vida de mocosos de nueve y diez años... son experiencias que no puedo dejar de recomendar.

Es cierto que alguno de los chavales me ha vuelto loco en alguna ocasión, que alguno me ha podido decepcionar o que le he podido decepcionar yo, pero eso demuestra que son personas y, como tales, complejas, plurales, ricas. Ha habido momentos difíciles, claro: todos, voluntarios, técnicos y usuarios, hemos vivido episodios desagradables y conflictivos, que no viene al caso recordar aquí, e incluso algún episodio trágico. No ha sido fácil siempre, pero esas dificultades y el haberlas manejado y superado forma parte de la riqueza de la experiencia.

El papel de las ONG

No quisiera dejar pasar la oportunidad de recordar una consideración que me mantuvo reticente durante mucho tiempo a colaborar con una ONG, antes de dar el paso de pedir a Apoyo+ que me dejaran colaborar con ellos. Siempre había opinado, y sigo creyendo que en muchos casos es así, que las ONG o en general los ciudadanos que colaboran en prestar determinados servicios sociales de manera altruista, estaban haciendo el caldo gordo a los gobiernos.

Pensaba, y pienso, que las administraciones se aprovechan de que hay individuos dispuestos a hacer un trabajo que les corresponde a ellas realizar con los impuestos que han pagado esos mismos ciudadanos. Las administraciones se aprovechan para hacer dejación de sus funciones y destinar los fondos públicos a otras finalidades. Repito que sigo opinando así, pero por otra parte considero que las ONGs, algunas al menos y desde luego Apoyo+, realizan actividades y proporcionan servicios que las administraciones no sólo no pueden, sino que no deben realizar.

Sería una intromisión inadmisible en algunos casos. A quien opine de esa manera le diría que yo sigo y quiero seguir con Apoyo+ por haber comprobado que actúa así, y por considerar que, aunque no debe dejarse de denunciar este comportamiento indigno en muchos casos de los administradores públicos, no puede ser óbice para que yo haga lo que creo que se debe hacer en este sentido.

Las Administraciones Públicas pueden dejar de hacer lo que deben y seguramente no podamos impedirlo porque son muy superiores y lejanas a nosotros los individuos, pero lo que no pueden impedir es que lo hagamos nosotros. Piénsenlo.

Volver a la zona de voluntarios