Al cabo de los años he aprendido a aceptarla

Debido al mal manejo de esta enfermedad en mi país, me he sentido discriminada. Sin embargo, he aprendido a aceptarla y ahora vivo más intensamente, con un futuro más claro emocionalmente.

Sucedió durante las fiestas navideñas para celebrar el año 2001. Me encuentro en la playa. Un grupo de personas que me pasa la voz, ya que me había quedado dormida y el sol me estaba calcinando. En ese grupo había dos mujeres y un varón. Una de las mujeres era la madrastra del varón, con el que comencé a salir ya que teníamos aficiones similares.

Él acababa de enviudar y al preguntarle que de qué había fallecido su esposa me responde que de un tumor en la cabeza. Luego de aproximadamente seis meses comencé a tener fiebres muy altas, lo cual me sorprendió. Él me llevo al Hospital Santa Rosa, aquí en Lima (Perú). Esto sucedió en dos ocasiones. Un día entre copas, estando en un apartamento que él alquilaba, me dijo: "Mary, tengo que decirte algo" y me cuenta que su esposa no había muerto de un tumor, sino de VIH, lo cual me cayó cual valdazo de agua.

Me alteré con él y se marchó. Yo me quedé tristísima, sin tener a quién decirle nada y con la incertidumbre. Él apareció después de tres días y nuevamente fuimos al hospital. Me sentía mal otra vez. Los medicos ya le conocían y le miraban mal, ya que su esposa había fallecido en este mismo lugar y sabían que él estaba infectado. Yo, lógicamente, no sabía la inmensidad de esta enfermedad, la cual me hizo sufrir mucho en un comienzo, ya que aquí en Perú no había mucha información al respecto.

Ahora vivo más intensamente

Al cabo de los años he aprendido a aceptarla, convivo con ella, sé la magnitud del daño que puedo ocasionar y que me han ocasionado. Debido al mal manejo de esta enfermedad en mi país, me he sentido discriminada. Ahora vivo en otra provincia del Perú que se llama Huanuco. A este lugar llegué destrozada: había dejado mi trabajo en un geriátrico en Lima, mis defensas estaban bajando y era poca la información que tenía sobre la enfermedad.

Hoy en día, gracias a esta enfermedad, vivo más intensamente, con un futuro más claro emocionalmente. Sigo sin trabajo y he hecho un alto en mi vida, el cual me ha dado la oportunidad de reaprender los hábitos que tenía equivocados, retomar nuevos conceptos de vida y augurarme un mejor estilo y calidad de vida, un conocimiento profundo de mí misma y una inmensa necesidad de conocer a Dios, para que mi experiencia pueda servirle a las personas que quizá en algún momento vivieron equivocadas como yo. A pesar de nuestros errores, Dios nos da la oportunidad de enmendarlos y poder trascender. Esto para mí es muy importante, ya que pude frenar y comenzar a profundizar en el propósito de mi vida.

Soy consciente de mi situación

Soy consiente de lo que me pasa. Tengo 48 años, me infecté en el 2001, tengo siete años siendo portadora de esta infección, que me ha ayudado a ser más fuerte y valiente. No cuento con un soporte emocional, ya que cuando llegué a esta provincia, en la que vivían mi padre y mi hermano, sentí la vergüenza que tenían de mí. Estaba cadavérica y aun así salí a flote sola. Ese desprecio y soledad me hicieron tomar valor y ahora puedo decir que tengo una salud equilibrada.

Tengo dos hijos: una de 25 años que vive y estudia en Madrid y uno que estudia y viaja constantemente en el interior de mi país. Me gustaría tener amistades afines que me permitan compartir libremente, ya que es cierto que ha marcado mi interacción con respecto al sexo opuesto. Gracias.

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